La Música Electrónica en la Unión Soviética

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El pasado 9 de marzo Google conmemoraba el 105º aniversario del nacimiento de la maestra del Theremin Clara Rockmore con un doodle muy currado en el que podías hacer uso de dicho instrumento. El doodle hizo que numerosas páginas, especializadas o no, hablasen de esta mujer soviética y sus hazañas con ese peculiar instrumento, que se toca sin contacto físico de quien lo usa, y que fue uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos, creado en 1919 por el ruso Lev Serguéyevich Termén (Leon Theremin). Pero ¿qué había más allá de esta virtuosa? ¿Qué relación tuvo la música electrónica con la Unión Soviética?




Primero pongámonos en contexto. Hacía dos años de la Revolución Rusa, y tras el triunfo de esta, las autoridades bolcheviques favorecieron una experimentación artística que rompiera con la estética burguesa y aristocrática. El derrocamiento del régimen zarista y la vuelta a la normalidad  en la vida cotidiana debía también lograrse en el campo de batalla cultural. La nueva música tenía que abrazar los sonidos de la era mecánica, los ritmos de la máquina, el tran-tran de la ciudad y las fábricas, el ruido del motor y sus tonalidades. Con el desarrollo de la tecnología a principios del siglo XX, habían surgido nuevas formas de arte en todas las disciplinas. En lo musical ya se habían  inventado instrumentos electrónicos como el Intonarumori de Luigi Russolo, quien en 1913 escribió el manifiesto El Arte de los Ruidos, donde considera que el oído humano se ha acostumbrado a la velocidad, la energía y el ruido del paisaje urbano e industrial y como tal los músicos futuristas deberán sustituir la limitada variedad de timbres que procesa una orquesta por una infinita variedad de timbres extraídos de los ruidos, reproducidos con los mecanismos apropiados.


Al conocerse el invento de Lev Termen, este fue recibido con honores en el Kremlin por Lenin en 1922. Le encargaron unas clases particulares para el líder soviético y la fabricación de 600 unidades de su invento para enviarlas por todo el país para conocimiento y disfrute del pueblo. “Vosotros sois revolucionarios en la música como nosotros lo somos en la vida, por eso tenemos que trabajar juntos”, sugería Lenin al compositor Serguéi Prokofiev. Durante varios años numerosos artistas llevaron a la práctica las que hasta entonces habían sido consideradas ideas radicales. La labor del compositor y el ingeniero tendieron a confundirse, con la figura del músico inventor. Muchos inventores patentaron sus instrumentos basados en tecnologías electro-ópticas o electro-mecánicas. En 1932, décadas antes de que en occidente se comercializaran los primeros sintetizadores, Andrei Volodin, un cientifico militar que trabajaba en el área de la psicoacústica, creó el primer sintetizador musical analógico, el Ekvodin. El aparato tuvo buena acogida entre los músicos, pero no se llego a producir en masa por la falta de financiación. Ese mismo año el profesor e ingeniero Evgeny Sholpo inventó el Variophone, usando un sistema de síntesis óptica que permitía dibujar las ondas sonoras en película transparente de 35mm. La primera relación entre imagen y sonido.




El Variofono fue el precursor de los secuenciadores y arpegiadores y se convirtió en uno de los precursores mundiales de esa tendencia artística que buscaba combinar sonido y luz mediante tecnología electrónica y óptica.

Aunque la mayor repercusión de la época la obtuvo un colega de Sholpo, Arseni Avraamov. Periodista, teórico, inventor, compositor, experimentador, desarrollador de instrumentos y herramientas musicales. Obtuvo la fama  con “Sinfonía de las Sirenas”, una asombrosa pieza de 28 minutos que anticipa lo que sería la música industrial. Presentado en 1922 en Bakú (en la actual Azerbaiyán) con motivo del quinto aniversario de la Revolución, consistía en combinar para hacer música las sirenas antiniebla de la flotilla soviética del mar Caspio, el tronar de baterías antiaéreas, los disparos de una división de artillería, coros, el motor de los hidroaviones, locomotoras, y las sirenas y sonidos de las fábricas de la ciudad. La melodía la marcaba el propio compositor con banderas de colores y una pistola. Además, en el centro se emplazó una máquina llamada "magistral" que emitía 50 tipos de sonidos con vapor, ejecutados por varios músicos según las anotaciones del director.




Pero los buenos tiempos no iban a durar para siempre. Con el asentamiento de la élite socialista y con la llegada de Stalin al poder, todo lo alternativo y experimental empezó a considerarse de nuevo subversivo. Lev Termen había triunfado con su Theremin por todo occidente y residía en EE.UU. desde 1928, donde había estado desarrollando diversos artilugios por jugosos contratos económicos con la RCA (Radio Corporation of America), como la primera máquina de ritmos, el Rhythmicon, o el Terpsitone, una plataforma que creaba música según los movimientos corporales del que bailara. Paralelamente trabajaba de espía pasando datos de la tecnología industrial gringa a sus camaradas soviéticos.


Un dia de 1938 la KGB lo devolvió a la URSS en un barco cargado con una tonelada de equipos electrónicos. Se desconoce si volvió por propia voluntad o por la fuerza, el caso es que al pisar suelo soviético todo el material fue confiscado y meses después dio con sus huesos en el gulag de Kolymá, en lo más remoto de Siberia. Diez años después le soltaron a condición de que trabajase para el servicio secreto diseñando aparatos de espionaje, los cuales fueron desarrollados con la misma tecnología que el Theremin. En ese mismo año se gestó a manos del ingeniero sonoro y físico Yevgeny Murzin el ANS, que pasó a la Historia, entre otras cosas, como el primer sintetizador polifónico.

Debido al repentino giro de las políticas contra los inventores independientes, Murzin tuvo que desarrollarlo en la clandestinidad, sin recursos económicos y con la única ayuda de su esposa. Por este motivo no fue hasta 1958 cuando le dio su forma definitiva, 20 años después de empezarlo. El ANS no se toca con un teclado, su funcionamiento se basa en dibujos sobre una cubierta de masilla resinosa y negra que opaca una plancha de vidrio como si fuese un espejo. Los trazos dejan pasar la luz y la lectura de su dibujo como señal óptica después es procesada por lectores y convertida en sonido con miles de matices posibles. El sonido se genera en tiempo real y el tempo depende de la velocidad con que se insertan las planchas. El ANS es capaz de reproducir hasta 720 tonos completos distintos al mismo tiempo, lo que durante años la convirtió en una máquina única a la hora generar sonidos fantásticos y completamente novedosos. Además se adelantó al software de análisis espectro-morfológico para computadores que llegaría en los años 80. Sin olvidar que en 1938 cuando Murzin empezó a desarrollar el ANS, aún no había grabación sobre cinta magnética.


    Planchas sonoras para el ANS


Con la llegada de Nikita Kruschev al poder a mediados de la década de los 50 la preocupación por estos temas se suavizó y Murzin pudo trasladar su invento de 400 kilos a una estancia en el  Museo Scriabin de Moscú. Su siguiente paso fue poner un anuncio en el Conservatorio de Moscú para atraer a jóvenes compositores. Con ellos en 1960 montará un estudio de vanguardia alrededor del ANS: el Estudio Experimental de Música Electrónica (ESTEM) de donde saldrán algunas de las primeras piezas musicales electrónicas de la era soviética.

En 1964, ya con Leonid Brézhnev en el Kremlin las autoridades clausuran el ESTEM y el ANS es colocado, irónicamente, en la Exposición Permanente de los Logros de la Economía Soviética. El único ejemplar del ANS que queda de los dos que llego a haber, dio tumbos a lo largo de los años hasta acabar en el Museo Glinka de Cultura Musical de Moscú donde actualmente se exhibe.

Sólo se publicó un álbum mientras estuvo activo el estudio (AHC - Электронная музыка / ANS-Música Electrónica) producido en 1968 y publicado cuatro años más tarde. Hubo un segundo LP (Музыкальное Приношение /Ofrenda Musical), que no salió hasta 1990. Aquellas grabaciones históricas de los compositores que formaron parte del ESTEM han llegado a nuestros días gracias al recopilatorio que los reeditó en 1999, Electroacoustic Music – Volume IV. Archive Tapes Synthesiser ANS 1964-1971 de la discográfica Electroshock Records de Moscú.



Miembros del ESTEM: Edward Artemiev, Alfred Schnittke, Sofia Gubaidulina, Edison Denisov, Stanislav Kreitchi, Oleg Buloshkin y Alexander Nemtin

Pero el ANS tuvo su mayor exponente con el compositor de música electrónica y bandas sonoras Edward Artemiev, quien lo usó para sonorizar películas de Andrei Tarkovsky como Solaris (1972) o Stalker  (1979)



Ya en la Perestroika aparecieron sintetizadores como el Polivoks en el año 82, se permitió la aparición de sellos discográficos, entidades y colectivos diversos, un programa de televisión dedicado a la música electrónica (Tangerine) y programas de radio como Onda Mandarina (abril de 1990) en la Radio Televisión Estatal de la URSS. Este salió adelante a pesar de las dificultades económicas de esos últimos años soviéticos. Sólo disponían de un lector de CD, sin embargo no se limitaban a pinchar temas electrónicos y de vanguardia. Hablaban sobre ellos, sobre la tecnología musical utilizada y los nuevos conceptos artísticos que por aquellos años empezaban a brotar como la espuma en diversas partes del mundo (Chicago, Detroit, Berlín, Londres… ) El éxito de audiencia fue grande, entre otras cosas porque la nueva música electrónica se consideraba subversiva al nivel del rock, y en contraposición al pop y a la música clásica, géneros que contaban con el visto bueno del gobierno.

Por aquella época, la música electrónica ya era suficientemente variada y rica, destacando grupos y compositores del sello Melodía como la banda Jungle, una combinación de jazz con música étnica, basada en sintetizadores, Zvuki Mu, Sven Grünberg, fusionando estilos e instrumentos de Europa, India, China y Tíbet en una textura electrónica altamente sofisticada. Zodiac, Argo con su space disco o Gorizont 


Zodiac 



Zvuki Mu
Aunque de todo aquello quiero destacar un disco en especial que se anticipó a su época. Una rareza que descubrí hace unos años en una sesión de Old Komm. Un disco de 1991 de una desconocida formación de Izhevsk, al oeste de los Urales,  llamada Bamboo Knock at 11 o’clock. Easy Cold Case es un disco de ambient y trip hop, cuando Massive Attack aún no había sacado su Blue Lines. Producido en pleno desmantelamiento de la Unión Soviética, fue reeditado en 2012. En palabras de ellos mismos: “Fue compuesto sin ordenadores, sólo con sonidos de la industria soviética, un viejo bajo búlgaro y un piano roto eran nuestros únicos instrumentos. No sospechábamos la existencia del MIDI ni nada similar. Sin secuenciadores, ni samples, ni loops” A todo esto hay que añadirle la fantasmagórica voz femenina en temas tan maravillosos como este Wounded Tiger



Tras la caída del Telón de Acero llegaron los primeros clubs a Rusia, tras el pistoletazo de salida en diciembre de 1991 con la primera Gagarin Party.



Y así, como profetizó Luigi Russolo hace más de cien años, los músicos futuristas sustituyeron la limitada variedad de timbres que procesaban las orquestas por una infinita variedad de timbres extraídos de los ruidos y reproducidos con los mecanismos apropiados.

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